23 diciembre 2005

¿Navidades eran las de antes?

La casa de los abuelos era el centro de reunión. Si estaba lindo en el patio, sino en el comedor. Con mi hermana llegábamos temprano, para calmar la ansiedad y “ayudar” a la abuela. De a poco la casa se iba llenando. Éramos más de treinta personas: los tíos y primos que venían desde la costa, los tíos abuelos y primos segundos que veíamos una vez por año, la bisabuela… no faltaba nadie. Muchos personajes:
La tía Tona que ante la pregunta de cómo andas te respondía con su vozarrón: “Para la mierda” y una que sólo había preguntado por preguntar, como para charlar de algo, no sabía dónde meterse.
La tía chichita que no paraba de hablar un segundo con su voz de pito y siempre estaba parada en el medio del paso
Doña Paulina que era sorda, viejita pero no paraba de comer.
Los abuelos que eran los anfitriones y organizadores, no se les escapaba detalle
El marido de Roxana al que bautizamos “Gitano” por todos los “oros” que tenía colgando.
Y así podríamos seguir describiendo a cada uno de los invitados.
Hacía un tiempo que en navidad se comían diferentes tipos de sándwiches, la abuela se había sumado a la moda autoservicio. Lo mejor era cuando en la mesa se empezaban a servir las garrapiñadas (que especialmente compraba la abuela para mí), las avellanas y turrones… eso avisaba que la hora de abrir regalos se acercaba.
Creo que nunca preguntamos la hora tantas veces como los 24. Las primas segundas nos tenían mirando el cielo para ver llegar el helicóptero de Papá Noel al hipódromo, (verán que la versión navideña de mi familia era muy moderna, nada de renos ni chimeneas).
En eso alguien empezaba a gritar desaforado para que salgamos a la puerta a recibir a Papá Noel. Allá venía caminando a media cuadra, haciendo sonar una campana y cargando una bolsa de regalos enorme. A veces eran más bolsas y mi tía siempre estaba ahí para ayudarlo. Su Jo! Jo! Jo! emocionaba. Mis primos más chicos se asustaban y no paraban de llorar. A mí siempre me ponía nerviosa cuando se acercaba.
Papá Noel se sentaba en una punta para que todos pudiéramos verlo. La tía le iba pasando los regalos y él llamaba al que le tocaba. Nunca me voy a olvidar el día que mi hermana se peleó con él porque ya habían pasado más de 20 minutos de repartija de regalos y a ella no le había tocado ninguno. O el día que Papá Noel le dijo a mi primo que él habría querido traerle una bicicleta, pero que se había portado muy mal con la perra y entonces se había arrepentido, tenían que ver como se le fue la sonrisa al nene.
A nosotras ( mi hermana , mi prima y yo)algunos de regalos nos tocaban en diferentes colores. Lo mismo les pasaba a los varones
¡Qué lindo que era abrir los paquetitos! Desde que Papa Noel se iba hasta el 25 a la tarde no se hablaba de otra cosa que no fueran los regalos, al menos los chicos. Los grandes siempre terminaban a los gritos peleando por política.
Un día me pareció muy rara la navidad, Papá Noel y los regalos. Papá Noel se parecía mucho a mi tío, que justo no aparecía por ningún lado. Al rato me lo crucé en la cocina y sin dudar le pregunté:
_Tío ¿Vos sos Papá Noel?
_ No sé, preguntale a tu mamá
¡Qué desilusión! A partir de ahí la magia de la navidad se fue empezando a perder. Y cada vez más. Hoy no nos juntamos todos en lo de mis abuelos, incluso la casa está abandonada. Hoy ni mi mamá ni mi tío se disfrazan de Papá Noel, estamos todos muy grandes como para eso. Ya nadie viaja desde la costa para pasarla todos juntos. Nosotros nos juntamos con los amigos de mis viejos y sus hijos. Los regalos los abrimos a la tardecita, antes de ir a la cena.
Sin embargo, estoy muy contenta de festejar navidad con mis papás, con mi hermana, con regalarnos algo todos, con esperar que lleguen las 12 para brindar todos juntos. Y sobre todo estoy muy agradecida por disfrutar el recuerdo de tan lindas navidades, por recordar con cuánto amor nos agasajaban mis viejos, mis tíos y mis abuelos.
Navidades no eran sólo las de antes. Esta y cada una de las que vengan serán especiales, por diferentes motivos. La tristeza no tiene cabida, aunque por ahí si la nostalgia de costumbres que se transforman y de personas que están de otra manera con nosotros.

Pd: Quiero desearles a todos una Feliz Navidad
y muchas Noches Buenas!!!!!!!!!!!!

20 diciembre 2005

Todo Gira

El sábado vi materializado mi crecimiento en un cambio de actitud, en una reacción. Sé que en otro momento hubiese respondido impulsivamente, tal vez con un golpe, tal vez con un insulto.
Ella no era su novia, aunque estaban de vez en cuando. El estuvo conmigo toda la noche: bailamos, charlamos, nos encontrábamos en cada rincón del boliche. No esperaba que fuera así. Me sentí muy halagada, porque me gusta (lo poco que conozco de él). Aunque no le mostré tanto interés.
El se fue al baño y yo me quedé con el grupo de amigos en común. Ella, que no me había hablado en toda la noche, se me acercó. Me miró a los ojos, penetrante. Al oído me amenazó: “Si no te alejás de él, te pego”. La miré y le sonreí. No la insulté, no le pegué, no reaccioné como lo hubiese hecho en otros tiempos, tampoco como ella esperaba.El volvió del baño. Me acerqué, nos hablamos al oído, nos reímos, bailamos y otra vez nos fuimos a la barra. No le dije una palabra de lo que ella me sentenció. Me sentí felizmente maldita, aunque sólo hice lo que sentí: jugar a la conquista con el hombre que me gusta.

15 diciembre 2005

Misión Cumplida

Cuando entré a la facultad nunca sospeché que lo que más me costaría de la carrera sería tramitar el título. La licenciatura la terminé en muy buen tiempo. Sin embargo tramitar el título que me acredita como profesional, me demandó dos años. Para mi psicóloga la burocracia es sólo una excusa. Es cierto, me costó mucho asumir que ya soy profesional y decidir cómo quiero continuar con mi desarrollo.
El martes me entregaron el título por la ventanilla del Departamento de Alumnos, así sin jurar, sin siquiera una bolsita para ponerlo. No hubo cámaras, ni abrazos. Pero si el alivio y la alegría de haber cerrado, por fin, una etapa.

13 diciembre 2005

Tal vez lo recuerden de películas como...

Lo conocí en una de esas fiestas top que hemos importado: San Patricio. Fiesta que no tiene nada que ver con nuestra cultura y costumbres, pero que se transforma en una buena excusa para encontrarnos a compartir unas birras en los news irish pubs que supimos concebir.
Este bar es uno de los más chic de la ciudad en la que nací. Allí la gente bien se pasea con sus atuendos y peinados acordes al último grito de la moda. Nosotros también solemos frecuentar estos lugares, solemos pulular por todos lados. Jugamos a ser y a no ser.
Ahí estaba él esa noche, en medio de gente con mucha y costosa producción, con una camisa violeta a rombos y unos anteojos que no tenían vidrio. Fue amor a primera vista. Me encantó su sentido del ridículo. Era alto, de pelo castaño y ojos chiquitos, no un sex symbol, pero si alguien que de común sólo tenía la cara.
Se me acercó a hablar. Me pareció un delirante, me hizo reír un montón. Se hacía llamar como el personaje de "Los Simpson": Troy Mc Lure. Se preocupó porque su amigo italiano pegara onda conmigo y hasta procuró que éste se llevara mi e-mail como trofeo de guerra. Para esto salió en busca de algo para anotar. Volvió con un lápiz partido por la mitad y un trozo de papel.
Al día siguiente revisé mi casilla. Tenía un mail que decía “Hola! Tal vez no te acuerdes de mi, anoche hablamos 2 minutos 15 segundos, en realidad eso es lo que hablaste con mi amigo, el tano, pero yo me quedé con tu mail”
Me rompió el corazón. A partir de ahí nos lanzamos al juego de la conquista...del histeriqueo dirán muchos. Si bien vivíamos en ciudades diferentes, intentábamos vernos casi todos los fines de semana y algún que otro día el se venía a buscarme al trabajo. Salíamos a recorrer la ciudad como dos turistas que se asombran de todo, que se entusiasman con todo.
El beso no llegaba, pero cada vez estábamos más cerca. Un sábado, después de cuatro meses de conocernos, nos llamamos en medio de la noche. Estábamos a una cuadra de distancia, él con su amigo y yo con el mío. Nos vimos los cuatro, nos matamos de risa. Mi candidato apareció con un tapado de piel negro, fiel a su estilo excéntrico. Nuestros amigos se comportaron hicieron honor a esa palabra y nos dejaron solos. Nos fuimos en el auto, me dejó manejar y todo. Nuestro destino fue su quinta, fuera de la ciudad. Estaba casi todo dicho.
Era una mañana, ya, de frío. La casa de la quinta era muy chica. Tenía grandes ventanales que dejaban ver el amanecer en el parque. Pusimos un sofá delante de la estufa y nos tapamos con una mantita. Para mi, eso era como la versión invernal de “ Laguna Azul”.En el silloncito nuestras manos se encontraron. Nos acariciamos. Hasta que nuestras bocas, quisieron imitarlas. Estábamos a punto de darnos el primer beso, el más deseado, el más esperado. Yo había cerrado los ojos y me disponía a disfrutarlo. El rompió todos mis sueños: “ Soy muy histerico”, dijo.

11 diciembre 2005

Invitación Vencida

Sábado a la noche en una disco gay de mi ciudad natal, mi amigo y yo nos movíamos al ritmo de Like a Virgen de Maddona. Desde hace un tiempo solemos frecuentar ese tipo de boliches, siempre digo que es porque ahí puedo bailar libremente sin el acoso masculino y la presión de la conquista. Aunque otro de mis amigos tiene la teoría de que en realidad sólo me escondo por miedo y que cuando no voy a bailar a boliches gays, salgo con casi todos amigos varones como para que no se me acerque nadie.
La cuestión es que esa noche estaba ahí haciendo una de las cosas que más me gustan: bailar, dejarme llevar por la música, payasear. Hasta que alguien toco mi hombro. Era un chico, pensé que me venía a preguntar por el bombón de mi amigo. Me sorprendió cuando dijo “¿Vos sos Julia?” Chan! “¿No te acordás de mi? Hace dos años, en octubre de 2003, te vi en el cumpleaños de Martín, tenías una remera negra y u cinturón celeste, te quise invitar a bailar y no me animé ¿Querés bailar conmigo ahora?”
Ante semejante declaración no supe si sentirme halagada o totalmente harta del miedo y las vueltas de los hombres.

08 diciembre 2005

Enemiga

De anoche sólo me quedan algunas imágenes y un mareo. Las imágenes evidencian todo lo que olvidé. El mareo, todo lo que tomé. Quise ahogar en alchool la tristeza, quise esconderla de los demás. Desde que llegué a la fiesta me disfracé y saqué un personaje eufórico y nefasto. Temí que mis ojos hinchados del llanto de la tarde, me delataran.
No fue una buena elección, sólo me lastimé más y me expuse demasiado. Y justo en la fiesta de fin de año del trabajo. Y justo el mismo día en que casi renuncio a ese trabajo y estallé en crisis ¡Mala combinación!
Hoy guardo una fea sensación de arrepentimiento, de dolor por ser mi propia enemiga. No me preocupa tanto lo que puedan decir los demás, sino el nivel de autodestrucción de anoche. Otra vez al límite, otra vez contra mi. Quiero recordar lo que pasó ayer, quiero reconstruir la noche y saber de qué fui capaz. Quiero recordar siempre este 7 de diciembre y aprender de él. Quiero que cuando la sensación de mareo y de alchool recorriendo mi cuerpo se hayan ido, quede el aprendizaje, el valor de la experiencia.

06 diciembre 2005

Al límite

El género, aunque nunca puro, es el género. Para mí lo que vale es el estilo, nuestro sello, con el que marcamos la diferencia y ponemos nuestro toque personal a todo.
Y ese todo incluye no sólo la manera de peinar y de vestir, sino hasta lo que parece el más mínimo detalle. Es mucho más que una pose, es nuestra manera de actuar, estar y ser.
Algunos podrán llamarlo conducta, otros lógicas de comportamiento, otros prefieren el sentido común (que no es el más común de todos) y hablan de personalidad.
La cuestión es que todos lo tenemos. Auch ¿lo o los?. Mmm me inclino por los, aunque seguro debe haber alguno que se destaque más en un momento que en otro de nuestros días o de nuestras vidas y que hasta los demás puedan reconocerlos.
También hay estilos que nos llevan por caminos que no queremos recorrer, o por lo menos de maneras en que no lo queremos hacer. Descubrí cuál es ese estilo que me complica. Me cayeron las fichas ¿Y Ahora? ¿Podré?