24 febrero 2006

Paradoja

Recién nos habíamos conocido. Y ahí estábamos los cuatro en el bar, charlando. Las cervezas eran las compañeras de la noche. Uno de ellos contó una anécdota y la remató con una frase que aún suena en mi cabeza: “Mi lado femenino, es mi peor parte”.
Su lado femenino era la histeria, la pura histeria. Algo que aparentemente había sufrido, pero finalmente adoptado.
Me sacudió. No dije nada. Pensé: ¿Y mi lado masculino? Si, ahí está. También copié esas cosas que me lastimaron. Las veo y las uso. Las aplico con la misma especie de las que las tomé. Legitimo eso que critico, que me lastima. Reproduzco aquello de lo que me quejo.
Estrategia de supervivencia. Extraño mecanismo de defensa ¿o ataque? ¿Filosofía de vida? ¿Venganza?

09 febrero 2006

Gracias a las cucarachas!

Hacía rato que había sonado el despertador. Pero la fiaca fue más fuerte. No había nada más tentador que seguir en la camita. El timbre sonó dos veces. Sabía que la administración había pautado la fumigación para ese día. Bajé la escalera, me vestí con lo que encontré a la vez que gritaba “Ya vaaa”.
Abrí la puerta. Me sorprendí. El fumigador no era el señor Juvenal que cada vez que viene me cuenta las historias de sus nietos, sino un bombonazo ¿Sería el nieto más grande?
Mi pelo era un desastre, mi cara de dormida me delataba. Impresentable. El pasó y empezó por el baño, siguió por la cocina y después por cada lugar que le fui indicando.
Mientras mataba a mis mascotas involuntarias, charlábamos. Era alto, ojos café y una sonrisa que lo iluminaba... daban ganas de contarle un chiste a cada rato, solo por verlo reír.
_¿Sos de GEBA?, me dijo por la camisetita que cuelga del cordel de la cocina.
_No, de Gimnasia de La Plata, del Lobo... que porteño!, le dije
Y otra vez se río. También me preguntó por mi profesión y mi laburo.
_ Menos mal que viniste, me había quedado dormida
_ ¿Llegás tarde?
_No hay problema
Terminó su trabajo. Lo acompañé hasta la puerta y se fue. Suspiré, me encantó el fumigador. Pero lel sentido de la realidad volvió a mi. Me apuré a bañarme, cambiarme y salir rumbo al trabajo.
En el camino, mientras esperaba que cambie el semáforo para cruzar, vi que a mi lado había un chico: era él. Íbamos en el mismo sentido. Me recordé que las casualidades no existen y me obligué a no dejar pasar la oportunidad:
_Vos sos el fumigador
_ Y vos la periodista ( creo que es una de las pocas veces que no contradije a alguien con el tema).
Caminamos cuatro cuadras charlando, haciendo chistes y riendo. Me contó algunas de sus cosas. Tenía paso largo y apurado. Yo lo que menos tenía era apuro. Azcuénaga era la calle de la despedida. Llegamos. Me miró y con una sonrisa me dijo: “Hasta el mes que viene señorita”.

02 febrero 2006

Sueño de una madrugada de verano

La imagen era conocida, cotidiana. El dormía la siesta en la casa de verano de mis viejos. Fui a despertarlo. Algo diferente pasó. Extendió sus brazos y me esperó en la cama. Sonreí, extendí mis brazos y me recosté a su lado. Le di un pico, me devolvió un beso apasionado. La emoción de ese beso, tan deseado, tan esperado, me despertó. Sobresaltada miré el reloj 5:45 am. Me lamenté al darme cuenta que fue un sueño, solo un sueño.
Extrañamente mi reloj se paró, no sé si es una señal o una paradoja, pero sólo marca las 5:45.