27 noviembre 2005

Doña Clotilde y Don Salvador

Nos costó mucho llegar hasta allí. La calle no figura en el mapa, como todo asentamiento. El chofer se quejaba porque los pozos golpeaban al auto recién lavado, brillante. Es cierto, no era una autopista, pero mirar alrededor bastaba para saber que toda queja era de lleno.
Unos nenes jugaban a las bolitas. Una mujer lavaba ropa en una palangana delante de la bomba de agua. Le preguntamos por el comedor de Don Salvador. Fue la única forma de encontrarlo.
Llegamos un ratito antes de la merienda. En el patio de entrada estaban Salvador y Clotilde. Los dos viejitos, canosos y muy flacos. Ella remendaba unas sábanas. El le cebaba mate.
Me presenté. Don Salvador me mostró el lugar y me contó cómo estaba el comedor. Me llevó a la cocina para que vea las ollas en las que se estaba calentando la leche y los panes cortados, con dulce.
Clotilde vivía ahí nomás de la casa de Salvador. El barrio era muy pobre, las casitas bajas, de chapa y cartón. En las puertas un par de tarros y los perros flacos de pelos duros dormían la siesta.
La casa de Salvador es una Iglesia Evangelista, muy chiquita. El salón tiene unos bancos de madera frente al Altar. El lugar es muy oscuro, no entra la luz del sol.
Clotilde cosía, observaba sin decir nada. En un momento en que Salvador se fue, me dijo: “Querida, usted que es del Ministerio…”. Temblé: me asusta cuando algo empieza así, sé que no puedo solucionar mucho. Me angustié: A doña Clotilde la habían asaltado hacía un par de días, habían destrozado el rancho y hasta la frazada se le habían llevado.
El chofer había bajado conmigo. Escuchó cada una de las palabras de la viejita, vio su cara de dolor…vio. Tal vez en ese momento los golpes y el barro en el auto cobraron verdadera dimensión. Ojalá.
Tragué saliva. Respiré hondo. Estaba conmovida…por todo. Se sumó Salvador a la conversación y aportó más detalles. Contó que doña Clotilde, que al día siguiente cumplía 80 años, no cobraba ni la pensión mínima, pese a que cumple con los requisitos. Me ofrecí a tomar los datos y pasarlo a quien pudiera resolverlo.
Se hicieron las cuatro y los chicos del barrio empezaron a llegar. Como el comedor era tan precario, funcionaba con modalidad viandas. Salvador servía la leche en botellas de plástico y entregaba los panes en las bolsitas que traían. Esa imagen la conocía y todavía moviliza (por suerte no estoy inmunizada contra estas cosas). Aunque esta vez había algo diferente que lo hacía especial: los chicos y algunas mamás lo llamaban “Abuelo”.
Cuando terminó la merienda Salvador fue a llevarle la vianda a un hombre enfermo del barrio. El chofer, que estaba realmente conmovido, se puso a charlar con Doña Clotilde. Con picardía le preguntó que relación tenían. La respuesta fue puro amor: “Somos novios. Cuando tengamos plata, nos vamos a casar”.

25 noviembre 2005

Costumbres argentinas que...

Anoche se recibió mi amigo Andy, ahora el Licenciado Andy. En las escalinatas de la facultad esperábamos que salga de rendir el último oral. Los padres, los abuelos y tíos habían viajado desde su pueblo natal, en ese viaje se colaron dos amigos que quedaron por aquellos pagos y que tampoco querían perderse semejante acontecimiento. También estábamos los de acá, los amigos de esta nueva etapa capitalina. Todos con la misma alegría y la misma ansiedad.
Esperamos cerca de una hora, pero pareció más. En un rincón estaban las municiones: polenta, yerba, huevos, harina, agua, puré de tomates, arena, papel picado. Hasta un racimo de globos había para los festejos.
El no sospechaba lo que le esperaba. Organizamos todo sorpresa. Así que la emoción era mayor por la adrenalina que genera sorprender a alguien. Con cada persona parecida a él nos entusiasmábamos... pero no, había que esperar otro poco más.
En un momento un nene se acercó pidiendo una moneda. Miró hacia el rincón convertido en deposito de “armamentos” y dijo “¿Esa comida la van a tirar?” Sus palabras me sacudieron, me dolieron, me atravesaron como puñal. Uno de nosotros dijo “lo que pasa es que es comida que está fea, por eso la tiramos”. La mentira nos hizo sentir menos culpables...
Increíble: en un país donde la mayor parte de la población está por debajo de la línea de pobreza, nosotros festejamos (¿?) tirando comida. Me pregunté cómo habíamos empezado con este ritual de egreso ¿Qué momento de país nos permitía festejar tirando comida sin sentir culpa? Seguramente este no.
Enseguida me acordé de los casamientos por civil, en el que a los novios al salir les llueven granos de arroz. Más de uno los querría en su olla...
No estoy en contra del ritual del enchastre, al contrario, me encanta. Recuerdo lo divertido que fue bañar de mugre a cada uno de mis amigos. Recuerdo mi recibida, terminé en bikini y llena de tempera, comida, vinagre, vino tinto y otras yerbas. La foto es imperdible y el momento imborrable.
Pero tal vez es hora de repensar algunos festejos y adaptarlos a nuestros tiempos. En vez de comida que resulta pecaminoso en esta coyuntura probemos con: bosta, barro, agua, hojas secas, papel picado, cucarachas muertas...

24 noviembre 2005

El que juega con fuego...

Dicen que no hay que jugar con fuego y es verdad, hay más riesgos de salir quemado. Pero hay veces que uno se deja caer en la tentación y el juego se vuelve irresistible. Hay una luz interna que se enciende pero no la vemos. Una sirena chilla aunque sorda para nuestros oídos. No queremos ni ver ni escuchar que nos estamos arriesgando. Lo hacemos. Inventamos mil excusas para hacerlo. Pero esa sensación de peligro puede resultar hasta estimulante.Le pedí un favor al diablo. Estoy jugando con fuego ¿Será otra de esas pruebas o es sólo una vía para luchar contra la vida tranquila?

17 noviembre 2005

La prueba

El celular sonó. Era un mensajito de texto: “Estoy en la puerta”. Sabía que iba a llegar, pero me puse nerviosa. Estaba lista, solo agarre la cartera y bajé. La imagen me resultó conocida: el auto blanco con las luces encendidas y él saludando desde su interior. Me remontó a otras épocas…
Subí, saludé, suspiré ( ¿de nostalgia?). Salimos a recorrer la ciudad, como en “los viejos tiempos”. Hacía dos años que no nos veíamos, aunque nunca hayamos perdido contacto. Durante ese tiempo se ocupó de llamar y escribir con una frecuencia estudiada. Durante ese tiempo me ocupé de de esquivar el encuentro. No es tonto, sabía que lo evitaba. Pero hay personas que tienen constancia y que saben cómo entrar. Estudian al otro, no se espantan fácilmente y saben lo que quieren.
Nunca fui de esquivar, al menos no concientemente. Así que un día me animé “Mirá, todo bien, pero a mi no me da para que pase algo” exclame por teléfono. El respondió con tono amistoso, si de pseudo amigo. Parece que las cosas estaban “claras”, que ahora éramos amigos y yo no me había enterado.
Mi “nuevo amigo” es alguien con quien salí cuatro meses. Con quien me ilusioné de formar algo a pesar de que él ya tenía pareja. Ojo, lo supe desde un primer momento. Pero en aquella época no me importó jugar de suplente. Y, además, ciertas condiciones (su pareja vivía en otra ciudad) me ayudaban a creer que jugaba en primera. Me animé a ver las cosas como eran y a asumir que no coincidían con lo que buscaba… terminamos.
Y ahí estaba, sentada en el auto…otra vez. Después de tanto cintureo, había aceptado. Suelo encariñarme con la gente y al cabo de un tiempo la extraño. Pero creo que esa noche estaba ahí para probarme. Ya había superado varias pruebas con él: terminar, no aceptar durante dos años una salida, no llamarlo… Esta era una mayor.
Paramos en un bar. La noche parecía de verano. Nos sentamos en una de las mesitas de la vereda y compartimos una cerveza. Charlamos. Reímos. Nos miramos. Recordamos aquellas tardes, aquellas noches. Anécdotas de los dos. Escapadas.
Me invitó a conocer su departamento. Si, en el que vivía con su pareja. Las casualidades de la vida: los dos nos mudamos a la misma ciudad. Rechacé la invitación. Me recordó que éramos “amigos”. Otra vez el cintureo.
La noche avanzó. Entre copas dijo: “Qué buena química teníamos” y empezó a argumentar su afirmación, ejemplificó con recuerdos de nuestros encuentros. Yo los tenía presentes, me caracterizo por ser memoriosa. La cosa se acaloraba ( ¿o era yo?).
“Voy al baño” dije. Aunque parezca que huí, de verdad tenía ganas. Cuando volví, charlamos otro rato. Apuré mi último trago de cerveza y di por terminada la noche. Me llevó hasta casa. Me abrazó al saludarme, lo abracé rápido y me bajé.
Cuando me acosté en mi cama sonreí. “Prueba superada”. Pensé muchas cosas: en su pareja, en las parejas, en el amor y los desamores…Me dormí. Si se pudiera elegir qué soñar, hubiese aprovechado a malcriar a mis ratones.

10 noviembre 2005

yy???

Entré con una amiga a un local de ropa de la ciudad de las diagonales, donde nací. Mientras revolvíamos canastos de promociones y pasábamos perchas con remeritas, se nos acercó la vendedora. Cuando la miré para contestar con un “solo mirábamos, gracias” a su “Hola chicas ¿Las puedo ayudar en algo?”; vi que había sido compañera mía en uno de los talleres de primer año de la facultad.
Después de las clásicas preguntas de reconocimiento de personas que hace mucho tiempo que no se ven, llegó una que me desestabilizó: “¿Seguís de novia?”. Cuánto tiempo hacía que no me preguntaban eso, hasta me había olvidado que esa palabra había estado asociada a mi alguna vez.
Últimamente cualquier conversación que mantengo con alguien ( sea conocido o no, lo vea seguido o no) contiene preguntas como: “¿Y estás de novia?” “¿Conseguiste novio?” o, la peor “¿Seguís sola?” Cada una de ellas tiene un sentido diferente para mi. La primera es como más inocente, sólo exploratoria. La segunda me hace asociar al novio con algún tipo de objeto capaz de ser conseguido / adquirido. Y la tercera, ya dije que me parecía la peor. Porque aunque uno pudiera pensar que tiene el mismo sentido que la de la vendedora, en realidad no lo es. No es lo mismo preguntar si seguís en pareja o si seguís sola... aunque ese “seguís” de las dos no me gusta. Es como el “¿Seguís con la dieta / gimnasio?”. Ese seguís me suena mal.
Está bien que la otra persona quiera saber sobre vos, el problema empieza cuando respondes negativamente y al entrevistador se le transforma la cara como si estuviera viendo a un pedofilico o a su bisabuela en tetas o, peor aún, a Mirtha Legrand cagando y sin maquillaje.
Después de ese gesto de asco, viene la repregunta. Porque parece que de tan horrible (¿?), resulta hasta increíble que una no ande noviando. Y cuando finalmente creen en nuestro “no, estoy sola”, comienzan las preguntas más de pseudo psicólogo que intentan adivinar, descubrir qué extrañas razones se esconden atrás de eso. O las conjeturas de por qué “una chica como vos está sola”.
Seguramente les parecerá exagerado lo que digo y hasta pensarán que estoy a la defensiva con el tema. Por esto a las pruebas me remito y voy a citar una conversación de msn con una fulana (tampoco buchona , vio):

_Fulana: Y ¿Hay algo? ¿Algún muchacho?
_Yo: No, nada
_Fulana (seguramente con cara de asco): ¡¿Nadaaa???
_ Yo ( cara de ¿resignación?): no, nada
_Fulana: daleeee ¿nada?
_Yo: en serio, nada
_Fulana: Nada de nada?????????????
_Yo (con ganas de matar): Nada de nada
_Fulana (después de un rato): Y alguna muchacha?
_ Yo (¿reir o llorar?): Tampoco

Por la relación que tengo con esta persona, debe haber alguna razón más para tanto ensañamiento. Igualmente, no deja de ser una muestra de lo que provoca el no tener pareja para el otro.
Por esto, sugiero a los posibles interlocutores algunos otros temas de conversación que también sirven para saber de mi: fútbol, estado emocional, sueños, preocupaciones, manías, dudas...
Y ya que tienen tantas ganas y consideran que es vital una pareja en mi vida, por qué no proponen algo o consiguen candidatos... aunque recuerden que esto no es garantía de nada, porque sigo fiel a mi lema: “Mejor sola que mal acompañada”.

05 noviembre 2005

Preguntas

¿Por qué se destruye y no se construye?
¿Por que se aislan en vez de sumar?
¿Por qué se divide y no se une?
¿Por qué se reproduce lo que se critica?
¿Por qué no se ocupan los espacios?
¿Por qué creen que todo es lineal?
¿Por qué en vez de atraer, espantan?
¿Por qué deslegitiman la protesta?
¿Por qué no aprendemos de la historia?
¿Por qué se encierran en discursos y no se animan al diálogo?
¿Por qué le dan letra a la derecha?
¿Por qué caen también en el vedetismo de la politiquería?
¿Por qué se pelean entre banderas?
¿Por qué no participan de algunas cosas y si de otras que terminan siendo peores?
¿Por qué se les empañan los vidrios y no reconocen al verdadero enemigo?
¿Por que no hay grises?
¿Por qué las contradicciones terminan siendo las mas fuertes?
¿Por qué la violencia?